Es natural que una compra inmobiliaria esté cargada de expectativas y deseos, pero una buena decisión exige también análisis. Ubicación, proyección del sector, estado legal del inmueble y coherencia con la situación financiera personal son variables que deben evaluarse con calma. Comprar bien no siempre es comprar más, sino comprar con sentido, entendiendo que una propiedad es, ante todo, una decisión de largo plazo.